Walter Balmaceda Ruiz

Walter forma parte del grupo de diez  personas que se encuentran arbitrariamente privadas de libertad por motivos políticos en Nicaragua desde antes de la crisis de 2018. Su detención y condena es consideraba arbitraria porque no hubo orden judicial para su arresto ni pruebas de su culpabilidad obtenidas legalmente en el proceso penal, además que hay denuncias de que fueron torturados para auto incriminarse en los hechos y fue determinante su afiliación liberal, así como sus antecedentes de protesta por el fraude electoral en los comicios municipales de 2012.

Walter José Balmaceda Ruiz nació en Ciudad Darío. Fue el primer capturado por el ataque a la caravana del 19 de julio. Le detuvieron tres días después, un 22 de julio del 2014 cuando tenía  34 años.  Siempre ha sido un hombre esforzado, se bachilleró, procreó seis hijos, todos eran menores de edad cuando fue detenido, y tres de ellos aún lo son.

Walter era muy emprendedor: a sus 15 años fue maestro de carpintería, luego vendedor ambulante de marcos de fotografía, dueño de un taller de carpintería, agricultor, ganadero, dueño de equipos de construcción para trabajos horizontales y de tres unidades de buses, las que alquiló a los organizadores de aquel 19 de julio del 2014. Él conducía uno de ellos, la unidad en la que viajaban jóvenes que lanzaron piedras al bus que fue acribillado.

Walter era también un activista político liberal. En el 2011 fue fiscal de ruta del Partido Liberal Independiente (PLI), lo cual propició que los operadores políticos del FSLN tomaran  represalias en su contra. En enero de 2012, fue víctima de ataques en dos de sus propiedades urbanas. Por ello, decidió salir del país en el 2012 por varios meses tras los cuales regresó para retomar sus emprendimientos.

Ciudadanos sandinistas que viajaban en el bus que manejaba Walter, declararon a los medios de comunicación y ante el juez, que ellos pasaron por el lugar de la emboscada, una hora después del ataque y no antes, pero un tribunal sin independencia ya había decidido condenarlo, considerándole el autor intelectual del ataque. Tras un proceso judicial en el que se irrepetaron las garantías del debido proceso, fue condenado a 133 años de cárcel.

Su salud, producto del encierro y las torturas que sufrió por 11 meses en las celdas del antiguo Chipote  y por los miles de días que lleva en el pabellón conocido como “La 300”, se ha venido agravando. La diabetes lo obliga a inyectarse insulina NPH tres veces al día, sufre neuropatía y el azúcar se le sigue alterando, además es hipertenso, padece del corazón, del colon y de la circulación.

La angustia y depresión por los años de encierro se manifiestan en su salud mental. Luego de ser un gran emprendedor, diez años después de injusta prisión, Walter tiene una salud muy deteriorada.

¡Libertad para Wilfredo Balmaceda!

Exigimos al régimen Ortega-Murillo: ¡Nicas Libres Ya!